martes, 19 de abril de 2011

Machuca habla de educación


Artículo

Martes 19 de Abril de 2011
La cruzada del verdadero Machuca


Eladin-Parraguez.jpg

Testimonio de Amante Eledín Parraguez*

1. La pobreza no es miseria

Me conocen por Machuca. Mi verdadero nombre es Amante Eledín Parraguez y soy el niño de cuna humilde que el cineasta Andrés Wood hizo famoso en su película. Tengo 55 años, llevo treinta como profesor y vivo con una de mis hermanas en La Florida. Tengo dos hijos, Camilo, el mayor, de 26, es músico. Mi hija Danae tiene 22 años, es gastrónoma y estudió en Francia. Soy el mismo que, nacido de padres campesinos que tuvieron once hijos y con años pasados en la pobreza, pudo hacer su enseñanza media en un colegio inglés privilegiado, el Saint George's. El mismo que cambió su vida por el cariño de los fathers -a los sacerdotes les decíamos así- y el programa de Integración Escolar, que, un día, terminó abruptamente. Un programa generoso, que se convirtió en mi ventana al futuro. Gracias a él, pude estudiar Pedagogía en la Universidad de Chile y, a fines de los 70, hacer un magíster en Educación en la Universidad de Portland, Oregon. Me convertí en el primero de mi familia en ir a la universidad.

En los años 80, trabajé como profesor en proyectos de educación popular de la Vicaría Oeste -muchos años estuve ligado a la iglesia- y en un colegio del barrio Mapocho. También pasé dos años en una escuela rural del sur. Y, lo más importante: en 1986, hice, por primera vez, clases en el Saint George's. Volví como profesor después de haber sido alumno. Me quedé sólo dos años, pero más tarde regresé y estuve otros quince.

A mi colegio, que llevo en mi corazón, le debo haber nacido de nuevo, a los catorce años. En él aprendí a vivir, contra toda mi timidez, mi inseguridad y mi silencio.

Silencio, porque con mis compañeros ricos, yo casi no hablaba. Me fui hacia adentro y vencí la batalla, apoyado en el amor ancestral por la tierra y la naturaleza que me enseñaron mis padres de Colchagua. Ese amor desbocado, que todavía sentimos mis hermanos y yo, por la montaña, las siembras, las piedras, el agua y los árboles. Mi relación telúrica con la tierra me sacó adelante en esos años tan fascinantes, pero duros. Y es que yo, en verdad, no debería haber vivido lo que viví. Fue un milagro.

Mis papás eran temporeros de arroz y porotos y nacieron en Larraín Alcalde, a unas horas de Pichilemu, una tierra de secano, pobre y nostálgica, que en los 80 perdió a su ferrocarril, el tren de mi infancia. Mi padre era un cantor a lo poeta. La poesía en décimas y la música van de la mano con el campo, y esa era su vocación natural. Es un canto que se hace con guitarra traspuesta y que se aprende con la leche, con el viento y los sauces. Un canto que recoge la vida y la muerte: en esas campiñas de trigales, la fe mueve montañas. Hoy voy mucho para allá, aunque fui el único de los once que nació en Santiago. En esas tierras costinas hay mucha poesía y mucho canto enterrado, y me interesa rescatarlos. Estoy comprando un terrenito para hacerme una casa, que quiero que sirva como centro cultural a investigadores y profesores que se interesen en estudiar nuestras tradiciones centenarias. Esas huellas son la raíz de Chile.

En mi familia éramos pobres, pero todos apreciábamos la cultura. Mi mamá fue analfabeta, pero cuidó mi biblioteca cuando viajé.

En 1955 mis padres emigraron a Santiago y, desde entonces, fueron temporeros y jardineros en chacras de San Damián en Las Condes. De ahí, en 1971, salí yo al colegio Saint George's. Mis valores los aprendí ahí. Por ejemplo, el derecho inalienable a la educación, aunque se haya nacido sin dinero.

Aprendí que la pobreza es luminosa, va dejando una estela de luz a su paso. La pobreza para mí no es miseria. Y lo digo con conocimiento de causa: muchas veces vi a mi mamá quemar con una brasa encendida un poco de azúcar en la taza y echarle agua. Era nuestro té, con gusto a ceniza. Tomábamos agua caliente con hierbas y salíamos a recoger frutos silvestres, pero no siempre era suficiente. Cinco hermanos míos murieron en la primera infancia, algunos de tos convulsiva. No teníamos zapatos. A veces, el Estado nos regalaba unos plásticos.

El Saint George's fue un cambio brusco. Un tremendo aprendizaje, porque no quería que me rechazaran. Aprendí a arremangarme la camisa y a peinarme igual a los niños del nuevo colegio, la única diferencia era el color del pelo: yo era tan moreno que mi mamá a veces me llamaba "mi curiche"; los demás eran rubios o trigueños de ojos claros. En clases y en los recreos me mimetizaba. Un día, en una ronda en el patio, me salió natural decir que yo también veraneaba en Zapallar, aunque el único balneario que conocía era el río Mapocho, a la altura del Puente Nuevo, donde vivíamos en un campamento. De estas cosas me acuerdo sin dolor, porque para mí esta ha sido la experiencia más importante de mi vida. He intentado vivir con coherencia. Con mi ex mujer y nuestros hijos hacemos vida de familia y nos ayudamos mutuamente. Es una existencia saludable, con ayuda y solidaridad.

2. Yo habría fracasado en el Simce

Hice mucho tiempo clases en escuelas pobres, con alumnos que llegaban con gran deficiencia a las aulas. El contraste con mis años de maestro en el Saint George's me dan hoy una visión panorámica del proceso educativo. Por eso, aunque hay diferencias -sobre todo culturales- creo que la imaginación es un potencial común y universal a todos los niños, en todos los medios socioeconómicos. Lo he constatado en escuelas rurales, en zonas urbanas de pobreza y también en Vitacura. Es un potencial de creatividad y fantasía que todo profesor debe explotar.

Pero hay diferencias importantes. Los alumnos de colegios privilegiados son más seguros de sí mismos, consultan y debaten más: lo han visto en su casa. Su nivel de autoestima es mayor, con familias contenedoras y estimulantes. Esos padres entienden que deben involucrarse y no fallan: traspasan su grado de compromiso a los niños. Llevan la delantera en lo cultural.

Eso no existe en otras realidades educativas. He visto en escuelitas pobres de Santiago y de regiones un mundo de inseguridades y expectativas restringidas. Con reuniones a las que sólo asiste la mamá, jamás el padre. Esos alumnos escuchan el discurso desde su nacimiento: las barreras económicas y sociales son insalvables. La falta de compromiso familiar los condiciona mental y culturalmente y se refleja en sus aprendizajes y resultados.

Es una de las grandes dificultades con que la educación en Chile debe lidiar.

Yo mismo fui así. Cuando llegué al Saint George's, era un niño que venía con mucha carencia natural. Es probable que hubiera fracasado en el Simce de cuarto básico: mi contexto sociocultural era muy deficiente, en mi casa no había libros, no se leía. Y si no fuera por mis profesores y los fathers, por esos hombres y mujeres que me acogieron y me enseñaron con paciencia, nunca habría cruzado la barrera. Jamás hubiera llegado a la universidad ni tendría este intelecto inquieto que me ha hecho superarme. Un intelecto que me empuja a una permanente autocapacitación.

Por eso, yo sé que se puede. Como profesor he constatado que todos los niños nacen con un potencial para aprender. La diferencia la dan las oportunidades. No creo y nunca he creído que los estudiantes humildes sean menos inteligentes o menos capaces. Todo es cuestión de oportunidades y de condicionamiento cultural. Si no creyera así, nunca me hubiera ido del Saint George's que dejé hace unos meses, para emprender nuevas tareas.

3. He escrito mis experiencias

El método que he probado por muchos años da resultados. Es entender que la esencia del aprendizaje está en las personas involucradas en el proceso: alumno-profesor; profesor-alumno. Hay tanto valor en la experiencia del alumno como del profesor. Para mí, es fundamental partir del saber instalado y sobre esa base construir. Todos los niños llegan a la escuela con un acervo de saberes, preguntas, intereses y aptitudes que yo siempre he tomado en cuenta y todo profesor debiera. Por ejemplo, la curiosidad natural por descubrir misterios, la capacidad de asombro. Estos elementos me han servido para motivar a la lectura y la escritura. Uso otras herramientas pedagógicas: canciones populares al estilo de Violeta Parra, Serrat, el folclor, la poesía, la leyenda, el cuento popular. Me ha servido mucho tocar guitarra, es un recurso de comunicación directa. Y recurro al humor, a la fantasía, al juego y al error. Porque el profesor también puede equivocarse. Y si el alumno le corrige, es una buena señal: quiere decir que aprendió. He escrito, durante años, mis experiencias de distinta manera, en forma de relatos, poemas, cuentos, novelas. Estos registros me sirven de evaluaciones.

4. Un profesor siempre es la clave

Un día, aún siendo alumno del Saint George's, sentí la necesidad de contar mi historia. Escribí "Tres años para nacer", que ha sido mi catarsis, durante mis días en el colegio, pero la publiqué recién en el 2002, poco antes de que Andrés Wood hiciera Machuca. Mi novela se llama así porque en esos tres años yo nací de nuevo. Mi suerte fue un milagro. Tuve maestros que me tomaron de la mano y me mostraron la senda. Maravillado, conocí la literatura y la poesía que han sido los puntales de mi enseñanza y de mi creación, a García Márquez y a Cortázar. Y a Octavio Paz, quien me mostró con su verbo que la poesía es el lenguaje natural de los niños. Hoy casi todo mi tiempo libre se lo dedico a la lectura. Leo sobre educación, filosofía, ciencias, poesía y literatura en permanencia. De un niño con muchas deficiencias formativas me convertí en pedagogo y creador. Tres años cambiaron mi vida para siempre.

Hay una regla fundamental en educación: un profesor siempre es la clave. Soy de la escuela pedagógica del brasileño Paulo Freire, quien ve a la educación como un proceso de diálogo, en que profesor y alumno comparten una experiencia y los dos crecen juntos. Ese flujo de comunicación es lo que le ha dado sentido a mi trabajo de treinta años. Hace nueve meses dejé mis clases en el Saint George's, porque creo que el país ha cambiado y me mueve hacer algo profundo por lograr una transformación.

Por eso acepté la invitación de la Unidad de Desarrollo Profesional Docente de la Universidad Diego Portales para capacitar a 35 profesores de la Escuela Carlos Condell de San Bernardo. Un plantel inserto en una cruda realidad socioeconómica y cultural, que estaba en dificultades por sus bajos índices en el Simce. Se dice que estaba con semáforo rojo, pero no me gusta esa denominación y no la uso, es una etiqueta que discrimina negativamente.

Las dificultades en la educación chilena se deben a factores que se han asumido con fatalidad por generaciones. En esta realidad trabajan estos profesores, quienes realizan un esfuerzo muy grande diariamente, que no es valorado por la sociedad ni por el sistema. Ellos tienen todo mi respeto. Ayudarlos es, para mí, una tarea que recién comienza, pero ya tengo lineamientos.

Mi aporte ha sido promover una reflexión y un diálogo para una acción práctica en sus escuelas. Mostrarles un mundo distinto. Hay muchos recursos naturales inagotables para un profesor, como la creatividad y la imaginación. Los instrumentos, escasos o no, se pueden reunir: libros, poemas, lápiz, papel. Para aprender a leer bien, hay que enfatizar el relato oral, la poesía popular, la leyenda, los cuentos de hadas, el dibujo, el canto, el teatro. Siempre en colaboración con la familia, para que el trabajo común rinda frutos. A estos profesores de San Bernardo -y a otros interesados en mejorar- yo les repito: es necesario leer mucha poesía en clases, por lo melodioso de su lenguaje, de su ritmo y por la calidad de sus palabras. Cualquier niño que escucha poesía se enriquecerá. Hay que organizar concursos y talleres literarios. Y de teatro, dibujo, pintura, montar exposiciones. Esto otorga dinamismo y sentido al aprendizaje.

En la Universidad Ciencias de la Informática trabajo con alumnos de pregrado en Pedagogía -futuros profesores- para que, algún día, logren estrechar la brecha de calidad de la educación entre las escuelas pobres y las pudientes. A esos futuros maestros les enseño estrategias sencillas para motivar a los niños a leer e incentivar el gusto y la pasión por los libros. Parto desde la poesía, porque en Chile hay mucha poesía, no sólo escrita, también de tradición oral. En una escuela precaria, como hay miles, la motivación es tarea cotidiana y desafiante. Esos niños -que serán sus alumnos- no tienen en su imaginario la necesidad de estudiar, de leer, de comprender lo que leen. ¿Cómo motivas a un alumno así, quien jamás vio a su padre rozar las tapas de un libro? La educación es un derecho para todos y es una herramienta para el cambio. Yo era un niño sin horizonte, pero tuve a grandes maestros que me mostraron el camino. Yo sé que se puede. Por eso es que cambié mi rumbo, para que Chile también cambie algún día.

(Texto escrito por María Cristina Jurado
)

martes, 22 de marzo de 2011

Stupid in America

Si el post anterior era sobre lo que debe hacer un colegio, este video muestra lo que NO hay que hacer.
Creo que el video habla por sí solo...



Harlem Children's Zone

Este colegio posee todas aquellas características que considero escenciales para una educación exitosa, y lo que más me impresiona es que esté en uno de los barrios más pobres de New York City y tal vez de Estados Unidos.
Me encantaría poder crear una escuela de este estilo aquí en Santiago, para niños de escasos recursos y poder ayudar no sólo a los pequeñitos sino a toda su familia. Personalmente creo que esa fue la idea más importante de Geoffrey Canada, el incluir completamente a los padres y apoderados. Él va a los hogares, les presta asesoría médica, legal, y les enseña a ser educadores de sus hijos. Tiene como objetivo terminar el ciclo de la pobreza generacional y creo que lo está logrando.
La educación es la base para el cambio y aquí está la prueba de que funciona y se puede hacer bien.





lunes, 21 de marzo de 2011

Expectativas del Curso

Como al principio pensaba que este blog era para Teorías Contemporáneas en Educación, lo primero que hice fue escribir sobre mis expectativas de ese curso. Ahora que he caído en la cuenta de mi error, reescribo esta entrada, puesto que la anterior se refería a un curso distinto.

1. ¿Cuál es la finalidad de esta asignatura?

Creo que la finalidad de esta asignatura es comprender la estructura y el funcionamiento de la escuela, de modo que el profesor recién formado pueda integrarse a ella fácilmente y sin encontrar cosas inesperadas. Trabajar en un colegio es mucho más que simplemente hacer clases, significa relacionarse con otros profesores, con jefes de departamento y académicos, directores, inspectores y por eso creo que esta asignatura ayudará a comprender mejor esas relaciones y a descubrir la mejor forma de insertarse en este contexto.


2. ¿Qué contenidos pienso que aprenderé en este curso?

Más que algo que aprender, creo que este curso me ayudará a darme cuenta de que no soy la única persona que está en mi situación en algún colegio, que tal vez los problemas que experimento día a día son comunes y no particulares al colegio donde enseño.

También espero aprender sobre los distintos estamentos de la institución y cómo interactúan entre sí. Llevo tres años en este colegio: partí en 2009 sólo con un 7º básico y luego me ofrecieron la jefatura del Departamento de Inglés para el año 2010. Fue una gran experiencia para mí, marcada tanto por situaciones buenas y malas, pero cometí muchos errores en el manejo del departamento por mi falta de experiencia dentro del sistema educativo. A través de este curso, creo y espero poder explicarlos y darles un sentido, para no cuestionar tanto mi trabajo, sino por el contrario, poder entenderlos dentro de mi inexperiencia.


3. ¿Qué me puede aportar esta asignatura a mi futuro rol de profesor de enseñanza media?

Como profesora de enseñanza media, creo que las cosas antes mencionadas son muy importantes para mi rol de profesora puesto que al comprender mejor mi situación podré tener más confianza en mi trabajo y por ende realizarlo de mejor manera. Al tener más confianza en mí misma y en mi trabajo podré proyectarla a las alumnas y presentarles un ambiente más propicio para el aprendizaje.



viernes, 11 de marzo de 2011

Sobre la motivación en la enseñanza de idiomas

Extracto de la Segunda Parte de "Guía Práctica para Estudiar Idiomas", por Daniel Muñoz. (Magíster en Linguística con mención en Lengua Inglesa (Universidad de Chile), PhD© in Applied Linguistics (University of Reading). Académico del Departamento de Lingüística y miembro del Centro de Estudios Cognitivos de la Universidad Chile. Su docencia la ha desarrollado preferentemente en las áreas de Lingüística Aplicada, Inglés como Lengua Extranjera e Inglés para Propósitos Académicos y Especiales. Sus intereses de investigación incluyen Adquisición de Segunda Lengua, Lingüística Aplicada y Lingüística Cognitiva.)




La relación entre motivación integrativa y el éxito idiomático ha sido demostrada hasta el cansancio y en decenas de idiomas, al punto que ha transformado el AMTB (Attitude and Motivation Test Battery) en una herramienta frecuentemente utilizada para predecir el éxito académico de estudiantes que intentan acceder a cursos de idiomas.

El éxito de esta agenda ha significado que el tema motivacional ha cobrado con el tiempo una importancia fundamental entre los profesores de idioma a la hora de tomar decisiones pedagógicas respecto a cómo enseñar y qué materiales usar. En mi experiencia, al menos, no hay conferencia de profesores de idiomas donde no se aborden y se vendan las últimas pescadas sobre las maneras de mejor motivar a los estudiantes.

Pero este éxito y su uso extendido han venido acompañados, como cualquier idea buena que se hace muy popular, de mucho malentendido y el consiguiente uso inadecuado de las herramientas que desarrolló Gardner. Desafortunadamente, esta suerte de obsesión con la motivación suele venir acompañada de dos errores conceptuales importantes a la hora de abordar el tema en la práctica, a saber:

  • Igualar la motivación con entretención
  • Asumir una relación causal entre la motivación y el aprendizaje de una segunda lengua

Reducir la idea de motivación a la de entretenimiento ha significado que frecuentemente los profesores de idioma se queden contentos y asuman que su clase “funcionó” cuando sus estudiantes parecieron haberse entretenido durante la clase. Es probable que a la mayoría nos haya tocado la profe o el profe seco para presentar clases “motivadoras”, usando todo tipo de recursos ingeniosos y materiales “atractivos” (multicolores, llenos de actividades en grupo, juegos, música, videos, textos “interesantes”, qué se yo).

Sin perjuicio de que una clase que entretenga a los estudiantes pueda razonablemente ofrecer mayores oportunidades de aprendizaje que una donde los estudiantes se queden dormidos, el error aquí consiste en gran parte en no considerar que:

  • una clase entretenida no es necesariamente una clase exitosa en términos de conseguir los aprendizajes que uno tiene como objetivos de enseñanza.
  • la entretención no es un requisito en diversos contextos de educación formal, especialmente cuando se trata de estudiantes adultos, quienes suelen tener estrategias de aprendizajes más parcas, fomes, pero eficientes. Personalmente, por ejemplo, odié cada juego, adivinanza, baile y actividad interactiva por las que tuve que pasar para aprender cosas que podía haber aprendido sin ningún problema repitiendo como loro en la comodidad de mi asiento y con mi cuaderno y mi lápiz como única herramienta.

Aquí un poco de ciencia nos puede aportar harta información útil. Más allá de que la clase sea entretenida o no, la investigación parece indicar que el factor clave de una actividad de enseñanza de idiomas tiene que ver más bien con la capacidad de conseguir que los estudiantes sean capaces de “notar” o “darse cuenta” de aquélla cosa que uno está tratando de enseñar (una palabra nueva, una regla gramátical o morfológica en particular, una manera de pronunciar, etc.). En la literatura relevante el término que se ha usado para denominar a este momento cognitivo es el de “noticing”, término acuñado en los ‘90 por Richard Schmidt, paladín de la perspectiva cognitiva en estudios de ASL. Como concepto se imageenfoca en la posibilidad de capturar la atención del aprendiente respecto de un punto de enseñanza. Lo que los investigadores han podido demostrar hasta ahora es, esencialmente, que para conseguir un aprendizaje de algún aspecto de la lengua meta (ese es el término técnico), es necesario primero que aquel aspecto entre en el campo atencional del estudiante. Y no solamente eso, también se ha demostrado que existe una relación muy fuerte entre el tiempo que se dedica a mantener la atención en ese punto y la probabilidad de que ese punto de aprendizaje perdure en el tiempo en la mente del aprendiente. Cuando aquéllo sucede aumentan, como resultado, las posibilidades de que ese aspecto pase del mero entendimiento al uso automático. Una vez automatizado, es decir, una vez que el aprendiente produce o interpreta la segunda lengua sin ponerle atención a la forma en que lo hace, podemos asumir que aquel punto se ha aprendido.

Cuando la película se presenta en esos términos, el resultado es que las posibilidades de capturar la atención de los estudiantes no pasa necesariamente por hacer la clase más “activa”, “entretenida” o “motivadora”. De hecho, es del todo razonable imaginarse una clase entera fome, sin juegos, sin música u otro parafernalia al respecto pero en la cual se puedan generar escenarios en que los distintos puntos de aprendizaje sean presentados de modo que no pasen desapercibidos por los estudiantes. A puro pizarrón y tiza. Y sin música. Al mismo tiempo, es del todo razonable imaginarse una clase en que los factores de entretención tengan de hecho el efecto adverso de distraer la atención de los estudiantes hacia el juego más que al punto de aprendizaje.

La resolución del problema pasa entonces, por orientar el proceso hacia dirigir la atención de los estudiantes hacia determinados puntos de aprendizaje y conseguir que esa atención permanezca enfocada el tiempo necesario para que aquéllo percibido pase, para ponerlo de una manera simple, de la memoria de trabajo a la memoria de largo plazo. Si eso se puede conseguir a través de juegos, bienvenido sea. Pero la entretención como fin en sí misma debiera ser considerada como una amenaza de la que cuidarse cuando uno busca mejorar la motivación de las hordas estudiantiles.

La segunda parte del error de igualar motivación con entretención es asumir que una clase que resulta entretenida para los estudiantes equivale a una clase en que se consiguió estimular la motivación de esos estudiantes para aprender el idioma, que es el punto que estamos tratando aquí. Esta relación tampoco es necesaria. Por varios motivos.

En primer lugar, ninguno de los hallazgos en el estudio de motivación/apredizaje de L2 apuntan a factores vinculados con entretenimiento propiamente tal. Lo más cercano es un set de preguntas del AMTB que indagan si los estudiantes tienen actittudes positivas o negativas respecto de sus cursos y sus profesores. Pero hasta ahí no más llega la cosa. Raya para la suma: no existe investigación importante que demuestre que una clase “entretenida” (y vaya uno a tratar de definir “entretenido” en términos investigables) tenga relación con aprendizajes específicos de una segunda lengua.

Por otra parte, y esto es aún más serio, asumir que al incentivar la motivación de nuestros estudiantes nos aseguraremos mejores resultados suena razonable pero, desafortunadamente, por ahora no es mucho más que mera especulación porque no tenemos evidencia científica que lo demuestre.

En efecto, cuando Gardner habla de la importancia de la motivación integrativa, por ejemplo, lo hace sobre la evidencia arrojada por una prueba que puede predecir con bastante precisión el éxito de un aprendiente de segunda lengua en un curso de idiomas. Pero, tal como, cualquier observador educado podrá notar: la capacidad de predecir está muy lejos de la de explicar o causar. En el mejor de los casos, el poder predictivo del AMTB implica que, muy probablemente, el test captura ciertos componentes emocionales y motivacionales que inciden en cómo aprendemos una lengua. De ahí a poder determinar cuáles son esos aspectos y de qué modo influyen en el aprendizaje de una segunda lengua hay muuucha distancia.

Otras limitaciones importantes de la investigación en esta área incluyen además, que no entendemos aún los aspectos dinámicos de la motivación. Primero que nada, los aspectos que observó Gardner son más bien estables en el tiempo. Se refieren a actitudes que uno tiene respecto a las culturas que usan otra lengua y las clases de idioma.

imageZoltán Dörnyei, el investigador más activo en el area durante las últimas décadas, se ha dedicado a esparcir la idea de que todos sabemos que la motivación individual va variando a lo largo de un curso. Hay días en que todo está bien y otros en que todo está mal. Una prueba buena nos puede dar un super-empujón motivacional y una mala nos puede llevar a querer botar un curso. Eventos de la vida personal, alegres y terribles, también influyen en nuestra motivación para hacer las cosas. Sobre cómo esos procesos afectan el proceso mismo de aprendizaje de la segunda lengua, sabemos repoco todavía y los investigadores recién se están poniendo de acuerdo en las metodología más apropiadas para obervar el desarrollo de la vida motivacional de las personas a lo largo de un curso. Que no es cosa menor.

Segundo, mis amigos psicolinguistas, más proclives a los procedimientos experimentales para resolver sus preguntas, tienen muy buenas razones para arrugar la nariz cuando uno les habla de pruebas que evalúan aspectos de la motivación individual de quienes estudian una segunda lengua. El argumento es resimple y nada fácil de rebatir: ¿Cómo podríamos estar seguros en realidad de que las respuestas a estas pruebas reflejan con ningún tipo de precisión los estados internos emocionales de las personas que se someten a estas pruebas? Más allá del debate mismo en torno a este problema de validez psicológica, lo importante es tener claro que el paño no está del todo cortado respecto a qué es exactamente lo que una prueba como el AMTB nos dice sobre la motivación de las personas y su relación con la manera en que aprenden una segunda lengua.

Frente a estas limitaciones, la investigación en motivación y ASL (o SLA, para los snobs) se ha ido moviendo en direcciones cada vez más experimentales y considerando nuevos conceptos que buscan su espacio en la agenda, sobre todo desde el campo de la psicología, que tiene que meter más su cuchara acá. Y es así como la investigación más reciente aborda el tema mediante conceptos como la autodeterminación, la voluntad para comunicarse, o la auto-regulación, en la que resulta más importante determinar en qué medida uno como estudiante es capaz de hacerse cargo del propio proceso de aprendizaje (y actuar, por ejemplo, como fuente de automotivación y autodisciplina) y cómo esa capacidad podría incidir en el éxito en la tarea de aprender otra lengua. En ese sentido, la capacidad que uno tiene para establecerse metas, desarrollar planes personales, improvisar estrategias y automotivarse quizás jueguen un rol más importante que las meras ganas de aprender el segundo idioma que observó Gardner inicalmente.

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Cuando leí esta entrada en su blog, le hice la siguiente pregunta a Daniel:

"Hola, Daniel
Muy bueno el post. Sin embargo, tengo una pregunta: cuando dices que la entretención debiera ser considerada como una amenaza, ¿te refieres sólo a estudiantes universitarios y mayores?
Pregunto porque yo hago clases en colegio, de Pre-Kinder a IVº medio y, claro, no estoy hablando de 1er ciclo básico o pre-escolar, porque ahí no se puede con tiza y pizarra, pero ¿pasará lo mismo con adolescentes? ¿Deberé cuidarme también de ser “entretenida” con estudiantes de Enseñanza Media?
La verdad es que pensar en el tema de la motivación en colegios (al menos el mío) es difícil porque de partida los alumnos están ahí contra su voluntad, así que intentar cualquier cosa más allá de que estén presentes es una odisea.
Any suggestions?"


y él me respondió:

"Hola Francisca, gracias por el comentario. Tu pregunta es excelente porque permite profundizar en el tema:
La entretención es una amenaza cuando se transforma en un fin en sí misma, puesto que podría tener como consecuencia la distracción de la atención de los estudiantes (que es exactamente lo que no queremos) y porque puede inhibir a estudiantes que simplemente tienen otros estilos de aprendizaje. Pero tal como tú dices, el hecho de que sea una amenza en estos sentidos no significa que la debemos descartar como opción, sino más bien utilizarla con criterio.
Tal como tú indicas, la entretención puede ser un elemento crucial cuando se trabaja con niños, puesto que te da la posibilidad de usarla precisamente para capturar la atención de enanas y enanos, que sabemos que tienen espacios de concentración menores que los adultos. En cambio, mientras más adultos sean los aprendientes, el factor entretención empieza a jugar un rol mucho menos decisivo. Esto sucede principalmente porque, a medida que aumenta nuestra experiencia en el sistema de educación formal, vamos desarrollando nuestras propias estrategias de aprendizaje. Si estas estrategias son medianamente eficientes, nos hacemos cada vez más capaces de aprender con diversos grados de independencia de la clase misma. En lo que a motivación se refiere, esta independencia muchas veces se traduce en que podemos aprender en contextos en que no tenemos mayor motivación que el hecho de saber que no nos queda otra que pasar el ramo si queremos pasar de curso (una motivación externa o extrínseca, que le llamarían algunos).
Un poco la idea es, como postulan quienes desarrollan el concepto de auto-regulación como alternativa al de motivación, que los aprendientes de idioma adultos aumentan sus posibiliades en la medida que son capaces de ellos mismos generar sus propias razones motivacionales.
Ahora bien, podríamos razonablemente asumir que los adolescentes están justo a mitad de camino en la ruta de autorregular sus procesos de aprendizaje, lo que implicaría que un componente importante de “entretención” podría ser útil tanto para reforzar posibles debilidades en la generación de motivaciones como para capturar y guiar la atención de los más desatentos. Y ahí la recomendación es la misma, no buscar la entretención porque sí, sino sobre la base de un diagnóstico respecto a cómo viene la mano en términos motivacionales y, por sobre todo, atencionales. Y ahí es la profe o el profe in situ quien puede observar y emitir un juicio más válido para su contexto.
Gracias de nuevo por el comentario.
Saludos!"

miércoles, 9 de marzo de 2011

Changing Education Paradigms

Me pasan varias cosas al ver este video:
Primero, me preocupa cuando Ken Robinson plantea que los tratamientos para el déficit atencional son anestésicos y que adormecen a los niños, y que en lugar de eso deberíamos despertarlos a lo que tienen dentro. No quiero decir que ellos deban estar adormecidos, pero ¿cómo voy a tratar con tantas niñas cuando algunas han sido diagnosticadas con déficit atencional e hiperactividad, otras tienen evaluación diferenciada y otras están en el programa de integración con síndrome de Down o de Asperger? La verdad es que me alegra que existan remedios como el Aradix o el Ritalin, no lo puedo negar. Y encima, creo que funcionan. A mí me lo daban cuando estaba en el colegio y no creo haber perdido mucho. Aparte, también beneficia aquellas alumnas que sí quieren prestar atención y quieren aprender (sí, existen) ya que se crea un ambiente más propicio para la clase y no tienen tantos distractores.

Segundo, Daniel Muñoz, en la segunda entrega de su "Guía Práctica para Aprender Idiomas" habla de la motivación. Dice que un gran error que cometen (cometemos) los profesores es igualar motivación con entretención. Llega, inclusive, a decir que la entretención "debiera ser considerada como una amenaza de la que cuidarse cuando uno busca mejorar la motivación de las hordas estudiantiles." Pero Ken Robinson dice que el problema de los niños de hoy es que están siendo bombardeados por todos lados, que son estimulados en todos los sentidos y luego les pedimos que se concentren en el colegio y que le presten atención a "cosas fomes" ("boring stuff", dice él). Entonces, ¿qué hacer? ¿A quién creerle? ¿Debo hacer mi clase más entretenida para poder pelear una batalla justa contra los videojuegos y la televisión? ¿O debo escuchar a Daniel y preocuparme cuando mi clase se esté poniendo entretenida?
Tercero, si bien es gracioso el planteamiento de que los niños están agrupados por fecha de elaboración, Robinson plantea (según entiendo) que eso es algo malo. Yo no creo eso. Yo creo que no es simplemente por el tema de la edad sino también por un tema de madurez, por un tema de habilidades, de capacidades. Recuerdo específicamente un electivo de Inglés que hice en el año 2005 en el Colegio Árabe. Tenía alumnos de 3º a 7º básico y fue un caos. Tal vez mi falta de experiencia tuvo mucho que ver, porque es cierto que no llevaba más de dos años haciendo clases, pero de todos modos habían cosas que no hubiera podido controlar o que no hubiera sabido solucionar aún hoy. El simple hecho de que los alumnos de 7º sabían tomar apuntes y que los niños de 3º básico me preguntaban si debían poner la mayúscula con rojo trastornaba cualquier planificación que yo pudiera haber tenido. Más encima, era una clase de conversación, y claramente no podíamos concertar un tema de interés general, lo que frustraba a los más chicos y aburría a los más grandes.
Cuarto, me preocupó mucho lo que dice acerca del estudio sobre "Divergent Thinking". Dice que el gran problema de los niños, que habían bajado el puntaje de genios en pensamiento divergente, era que habían sido educados. Que habían ido al colegio. ¿En realidad hacemos eso los profesores? Claro que sí: les decimos que sólo hay una respuesta correcta y que trabajen solos. Pero, ¿cómo más se puede evaluar el aprendizaje sin tener una prueba objetiva? En el electivo que hago en IIIº medio tengo una nota por participación en clases y en esa nota incluyo varias cosas, como que hablen sólo en inglés, que lleguen a la hora, que hagan las tareas y las entreguen a tiempo, que presten atención y que no hagan cosas de otros ramos. Para mí, esa nota es un regalo, casi por haber tomado el ramo. Si bien es cierto que si cumplen con todo eso las condiciones para el aprendizaje estarán dadas, sólo con esos criterios, no puedo evaluar si realmente aprendieron o no. Pero bueno, deberé leer el libro para ver qué quieren decir realmente. (Note to self: buscar el libro "Break Point and Beyond")
Por último, creo que se debe destacar el punto sobre el trabajo en conjunto, que la mayor parte del conocimiento se adquiere en colaboración con otros. Eso debo recordarlo e intentar ponerlo más en práctica, porque casi nunca lo hago.